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28
JUN
2022

El combo a $15 y los huevos a peseta

Resulta desventajoso para los sectores económicos discutir temas complejos en espacios cortos de radio, televisión o prensa escrita. Máxime cuando se trata de temas que se prestan para argumentos populistas donde resulta conveniente para los proponentes utilizar frases simplistas o estereotipadas que proyectan como villanos a los que hacemos cuestionamientos legítimos. Es lo que ha ocurrido con la discusión de las enmiendas a la reforma laboral. 

 

Ciertamente la nueva ley tiene consecuencias nefastas para nuestra competitividad, pero lo que no quieren discutir o analizar los proponentes son las consecuencias no intencionadas para los consumidores y para los trabajadores. Ignorando las realidades por ser inconvenientes fue que los políticos quebraron el gobierno y destruyeron nuestra economía. Aprobando beneficios y gastos que eran impagables bajo nuestra realidad económica y fiscal. Igual que ahora, les resultaba inconveniente adaptar las expectativas a la realidad. Luego, habiendo provocado una recesión de la cual aún no hemos salido, en lugar de recoger velas, decidieron tomar prestado de manera irresponsable para nuevamente evitar enfrentar la realidad de que toda propuesta tiene un costo. Así llegó la quiebra y la Junta Fiscal que tanto critican porque les exige alguna medida de prudencia.  Ahora, el nuevo barril de fondos para continuar prometiendo sin resolver los problemas estructurales, son los fondos federales de recuperación por emergencias.  El detalle es que no son permanentes y hasta el propio Plan Fiscal proyecta que volveremos a números negativos una vez se acaben por lo que deberíamos estar buscando mejorar, no empeorar, nuestra competitividad para cuando eso ocurra. Evidentemente, no hemos aprendido la lección.

 

Sin embargo, lo más frustrante de la reciente discusión sobre la reforma laboral es cómo esos políticos, para colmo, pretenden lograr indulgencias con escapulario ajeno. Es decir, es doloroso ver cómo a los que toman el riesgo para poner sus negocios, y que son los que realmente crean empleos y pagan los beneficios, y tienen el peso de generar la riqueza para pagar por esos excesos, entonces se les pinta como anti trabajadores. En contraste, el político que nunca ha asumido esa responsabilidad, ni conoce las dificultades de hacerlo, ni ha sido capaz de resolver la innumerable lista de problemas que nos aquejan como sociedad, se proyecta como el paladín de los trabajadores.

 

El discurso presume además que todas las empresas son “grandes intereses” sin considerar que la inmensa mayoría de los negocios en Puerto Rico son PYMES cuyos dueños no duermen cada quincena preocupados por si tienen suficiente en su cuenta para pagar la nómina de sus empleados. Y para quienes no existe mesada alguna cuando sus negocios fracasan. Los gobiernos de países desarrollados no se expresan de manera despectiva sobre las preocupaciones genuinas de sus empresarios. Así no se proyecta que somos una jurisdicción abierta a la inversión sino lo contrario. El discurso desafortunado, y las acciones, proyectan desprecio a quienes también son trabajadores incansables, los emprendedores.


Al final del día, el pueblo debe entender que el discurso populista y simplista no le va a salvar de los impactos de las decisiones irresponsables. Alguien tendrá que pagar por las propuestas y con toda probabilidad será usted como consumidor. No porque las empresas sean malas o buenas.  Sencillamente porque todo negocio, para poder continuar existiendo, tiene que recuperar sus costos y eso se hace a través de los precios de sus bienes o servicios.  Negar esta realidad le falta a la verdad y pretende engañarle. En un escenario de inflación extrema como el que vivimos, y donde las empresas ya no saben cómo manejar tantos aumentos, le están echando leña al fuego innecesariamente aumentando aún más los costos. Recuerde entonces, no culpar a los empresarios cuando el combo le cueste a $15 y los huevos estén a peseta.